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martes, 15 de abril de 2014

Lázaro y la muerte blanca Parte II



Era ya el vigésimo día desde que había comenzado a nevar por primera vez en el pueblo de Taycun. La festividad de los más pequeños que bailaban entre la lluvia blanca y armaban sus "hatos" con techos de paja y hojas de molle había ido cesando con los días. Cada vez que sus padres regresaban con lo poco que habían podido recuperar de las chacras cubiertas de hielo su espíritu también se apagaba al ritmo de la fogata que calentaba sus frías viviendas y sus barrigas vacías.

Varias hectáreas de maizales torcidos y destrozados eran recorridos una y otra vez tratando de encontrar el alimento del día que con el tiempo pasó a ser de la semana. Muchas crías de los ganados habían muerto congeladas pasada la tercera noche, no habían dormideros en el pueblo, nunca habían sido necesarios. Las vacas habían dejado de producir leche por las bajas temperaturas y muchos animales que bajaban al río Puñuy no podían beber del agua congelada, morían de sed.

Yarjawuachkan / Tengo hambre - Le dice Lázaro a su hermana mayor

Marce lo acuesta entre sus faldas y le dice que cuando pase la nieve todo volverá a ser como antes y volverán a disfrutar de todo lo que la tierra de Taycun les daba; como cuando cruzaban el río y encontraban unos mantos de tierra roja enormes que solo al acercarse descubrían las tunas que brotaban durante todo el año en esas tierras de abundancia insólita o cuando traían la leche del ganado en grandes baldes que tenían que alejar de su hermano Leo que solía meter todo el rostro cada vez que los encontraba, desatando la furia de su padre a correazos.

Era de noche y la nieve seguía cayendo. Llegan doña Juana y don Gregorio pero ante la expectativa de los niños solo el silencio y sus manos vacías indicaban que todo afuera seguía igual. Los acompañan al centro de la casa y al rededor del fuego se ven los rostros ensombrecidos.

¡Micuyta munani! / ¡Quiero comer! - Reclama Leo
Manan yaku kanchu / No hay agua -  Dice Marce
Wiksay nanamuan / Me duele el estómago - susurra Lázaro

Se le partía el corazón a doña Juana no poder preparar nada para sus pequeños y la mirada de don Gregorio fija sobre la candela reflejaba la impotencia de no poder llevar el pan a la casa, como si una blanca maldición hubiera asaltado su pueblo sin mayor aviso que unos luminosos aros de colores en el cielo que se suponía daban felicidad; "no todo lo que brilla es oro" piensa y a pesar de que ellos no conocían de dinero nunca habían experimentado la mayor de las tristezas, el hambre.

De repente doña Juana se pone de pie y comienza a cantar:

¡Takisum, takisum, ama llakikuichu taitai, tususum tususum, ñoja kani yurac huayta...!
¡Cantemos, cantemos, no estés triste papá, bailemos, bailemos, yo soy la flor blanca...!

Don Gregorio que parecía haber despertado de un trance se queda sorprendido de ver a su esposa repentinamente tan alegre a pesar de que la nieve seguía cayendo, la ve bailar en frente de los niños y solo atina a seguir su melodiosa voz aplaudiendo con el mismo ritmo. Marce salta de alegría del piso cogiendo sus faldas y se pone a bailar junto a su mamá levantando el polvo al zapatear la tierra. Leo festeja y cogiendo dos ramas las frota haciendo con su boca el sonido de violín, don Gregorio toma la vacía caja de pan como si fuera un tambor y se pone también de pie para bailar junto a su esposa. Al frente de ellos Lázaro aún está echado cogiéndose la barriga pues no había probado alimento hace días, siente que su cuerpo se enfría y que un sueño eterno se quiere apoderar de él. Recuerda lo que dijo la anciana el primer día que nevó: "Al parecer la muerte no siempre se viste de negro", aunque no estaba seguro de lo que significaba eso. Tiene mucho sueño, pero el espectáculo al frente suyo es incomparable, todos están alegres, bailando, jugando y engañando al hambre con instrumentos de madera y los cánticos de su madre que se le queda mirando...

Lazarucha, jamuy! / Lázaro, ven!

El niño era callado y débil pero siempre obediente. Se pone de pie, se para al costado de su mamá y al verla tan alegre a pesar de que posiblemente haya pasado más días sin comer que él y sus hermanos, se da cuenta de que no todo es tristeza en esa noche, una noche helada que no sabían cuándo iba a acabar, no sabían si volverían a comer mañana o si la nieve los sepultaría, lo único que sabían era que estaban juntos y que el calor de la fogata no era lo único que mantenía la vida en esa pequeña casa de piedras ubicada en la esquina de la plaza del recóndito pueblo de Taycun...

... Al día siguiente, dejó de nevar.

viernes, 11 de abril de 2014

Lázaro y la muerte blanca Parte I


Lázaro tenía los ojos muy abiertos, casi sin pestañear y con la mirada fija hacia el cielo. Su concentración omitía la bulla que hacían los otros niños que presurosos salían de sus casas para también pararse en medio de la plaza, alzar la cabeza y avizorar lo peculiar que ese día había en el firmamento. Unos aros de colores se asomaban entre las nubes, eran como cinco círculos con los colores del arcoiris que se habían instalado sobre el cielo de Taycun y llamaban la atención de todos los pobladores, especialmente de los más pequeños que nunca habían visto algo similar.

Leo, ¿Imataj wac? / Leo, ¿qué es eso? - pregunta Lázaro
Manam yachainichu, ¡ima sumajcha! / No sé, ¡Qué bonito! - le responde su hermano mayor

A pesar del extraño fenómeno la vida en el pueblo transcurría como todos los días, los campos de trigo ya habían crecido lo suficiente para empezar la cosecha, las mazorcas eran enormes, las habas estaban listas para ser recolectadas y el ganado recorría el caminito de piedra, bajando por esa ladera llena de eucaliptos, para beber de las aguas del río Puñuy que ahora también brillaba con la luz de aquellos misteriosos aros de colores.

Puka... qello... kulli... / Rojo... amarillo... morado...

Lázaro identificaba los colores de aquellos aros, le gustaban, pero a diferencia de los otros niños algo dentro de él le generaba cierto recelo que no le permitía participar de sus juegos. Siempre Lázaro fue así, retraído frente a sus pares, disfrutando más de su soledad, recolectando flores, persiguiendo insectos y calentando sus pies cada mañana cuando de entre los cerros de Taycun se asomaba el dios sol.

En casa doña Jauna y don Gregorio ya iban haciendo espacio para lo que sería la cosecha de los días siguientes, todos tenían que comer bien e ir a dormir temprano puesto que en el campo todos trabajan, Leo con la hoz junto a su padre, Marce recolectando y cargando las semillas con su madre y hasta el pequeño Lázaro que podía cargar mazorcas que eran tan grandes como su cabeza. Los cinco se fueron a dormir cuando se ocultó el sol, pero esa madrugada el gallo no cantó y todos en el pueblo se quedaron profundamente dormidos hasta casi el mediodía.

Alalau chiri... / Hace frío... -  se queja Lázaro que es el primero en despertarse

Sale de la casa rumbo hacia el baño que consistía en un silo a varios metros de la plaza al costado de un árbol enorme al que le llamaban "Chachas", pero se detiene en medio camino al darse cuenta que ya no estaba en Taycun, este era otro lugar. Pequeños pedacitos de hielo caen desde el cielo como plumas que lentamente se posan sobre su piel. A su alrededor un manto blanco envolvía la plaza y el tejado de todas las casas. Cerros como el Khuyay Urqu también se habían vestido de blanco y una brisa helada comenzó a hacer temblar sus pies descalzos que nunca habían experimentado algo parecido. Poco a poco los demás habitantes del pueblo comenzaron también a salir de sus casas y nuevamente los niños fueron los más presurosos en festejar y saltar tratando de coger estos pedacitos de escarcha que parecían trocitos de nube que caían del cielo sin parar.

Jaway Lazarucha, tumaycuyman / Mira Lázaro, se puede beber

Su hermano Leo sacaba la lengua dejando caer la nieve sobre ella, estaba feliz y Lázaro también quería estarlo, también quería saltar y jugar junto con sus hermanos. Sin embargo los adultos estaban extrañados con el suceso, al parecer algo así nunca había pasado en el pueblo de Taycun, pero eran los ancianos los únicos que veían con pesar y espanto a estos inocentes copitos de algodón que seguían revistiendo los suelos y calles del lugar. Sus ojos lo decían todo aunque solo la más anciana del pueblo se atrevió a decirlo...

Yurac huañuy / Muerte blanca

domingo, 3 de febrero de 2013

El susto de Lázaro parte II



Wañurusaj / Me voy a morir - dice Lázaro triste

Una lechuza negra entra a la casa y se posa sobre la mesa. "Tuxpicha", el curandero, exclama que los Apus lo han escuchado y que el cerro "Khuyay Urqu" ha tomado la forma de este animal para negociar por el alma de Don Santiago. Doña Juana le dice susurrando a su esposo que son puras tonterías y que deberían llevarlo ya al centro de salud del otro pueblo, pero Don Gregorio no le hacía caso, él aún creía que con el poder de los Apus recuperaría a su primo.

¿Imatataj ninky? / ¿Qué dices? - Le pregunta Marce a Lázaro

El pequeño cuenta que había ido temprano a los linderos del pueblo a esperar la salida del sol como todas las mañanas. Se sentaba en las faldas de "Khuyay Urqu" y veía cómo desde entre los nevados poco a poco el "inti rey" iluminaba las praderas verdes y los maizales de Taycun, hacía brillar al río Puñuy que rodeaba al pueblo, avivaba el canto de los chihuillos y calentaba sus pies helados. Luego decidió volver a casa, pero mientras caminaba entre los matorrales sintió algo entre sus dedos. Cuando bajó la mirada la vio, era de color verde amarillo, era "katari" / "serpiente". Lázaro se quedó quieto y el reptil pasó entre sus piernas, le hizo sentir su piel escamosa y se fue dejándolo solo otra vez. Lázaro le cuenta a su hermana que una vez el tío Santiago le había dicho que si "katari" se cruzaba en las piernas de alguien esta persona moriría dentro de poco, por lo que el pequeño llegó triste a su casa al pensar en el fatal destino que le esperaba.

Ama upa kaychu Lazarucha / No seas tonto Lázaro

Marce le explicó que esas cosas no eran ciertas, que nadie se moría por ver una serpiente, que todo tiene un motivo y la muerte no le llegaría aún hasta que sea viejito. Le decía que el tío Santiago siempre ha creído en esos mitos que mamá dice son patrañas de un viejo loco. Le da un abrazo en medio de la noche fría y le dice que todo estará bien.

Por otro lado Tuxpicha, tras una conversación con la lechuza con sonidos que más parecían los aullidos del puma responsable de todo esto, llegó a la conclusión de que la única solución era llevar la ropa de Don Santiago a aquel eucalipto donde se paralizó, ponerla en la misma posición e invocar a los Apus para que adhieran su alma a las ropas y luego así vestir al señor asustado. "Qué cojudez" pensaba doña Juana.

¡Jacuchik! / ¡Vamos! - dijo don Gregorio

La caminata en la noche era iluminada por las luciérnagas del campo, eran como estrellas pequeñas que bajaban tras dejar a todas las constelaciones cuidando el cielo de Taycun. Los 3 hermanos iban agarrados de la mano, Lázaro ya no tenía miedo de volver a encontrar a "Katari" pues tenía a su hermana al lado y una sonrisa se dibujó en su pequeño rostro.

¡Kaypi! / !Aquí!

Llegaron, colocaron las ropas al lado del eucalipto y tras prender una pequeña fogata Tuxpicha hizo un nuevo ritual indescifrable. En la casa esperaba solo y sentado el desnudo cuerpo de Don Santiago, con olor a chicha de jora, los brazos llenos de rosarios, su boca repleta de estampitas de Santa Rosa y el ojo abierto que miraba, quien sabe si intencionalmente, a la lechuza negra autora de su nuevo suplicio y que seguía ahí posada sobre la mesa.

Al día siguiente, con la llegada del sol también llegó la familia. Lázaro estaba feliz de nuevo y cantaba con su hermana mientras Leo seguía muy atento a cómo Tuxpicha llevaba las ropas de su tío entre sus brazos. Doña Juana solo quería dejar a su esposo con el viejo loco que no la había dejado dormir toda la noche y don Gregorio estaba más que impaciente. Entraron a la casa, todos rodearon al cuerpo y vistieron a don Santiago. 

¿Maipitaj tukukachkan? / ¿Dónde está la lechuza? - preguntó Tuxpicha

No pasó nada. El cuerpo seguía inmóvil y tras esperar una hora en silencio cada uno empezó a irse por su lado. Lázaro fue el único que se quedó en la sala pensando en su temor ya resuelto y en el de su tío sin resolver, ¿cuál fue la diferencia? En eso lo llaman para comer y sale disparado de la sala como un rayo.

Lazarucha, ¿Maitataj rinki? / Lázaro, ¿adónde vas? - preguntó don Santiago



PD1: Gracias Edu por seguir siendo mi control de calidad con estas historias :)
PD2: Conocí a un anónimo el viernes, ya hablaré sobre él en un post
PD3: Haciendo bastante música, buuu llegó febrero, mes de sentimientos encontrados.

jueves, 31 de enero de 2013

El susto de Lázaro parte I



Don Santiago dormía plácidamente bajo la sombra de un eucalipto en las afueras del pueblo de Taycun. Después de haber arreado al ganado el imponente sol andino lo adormecía bajo las hojas que tenían ese aroma que le encantaba. Un cosquilleo en la oreja no iba a despertarlo, una avispa debe ser, la humedad entre su cuello, posibles gotas de sudor por el trabajo, pero una textura suave en sus mejillas y la respiración en su frente ya no tenían respuesta. Don Santiago se despierta y se encuentra con dos grandes ojos verdes que lo miraban, los bigotes puntiagudos que le hacían cosquillas, la lengua que lo lamía y el hocico del enorme puma que lo olfateaba mientras dormía. Un paro cardíaco habría sido totalmente válido, echar a correr una muerte lenta y dolorosa, pero una fuerza mayor se encargó de dar su veredicto, solamente el susto que comenzó a apoderarse de todo su cuerpo hizo que el pobre señor se quedara allí, inmóvil, tendido sobre las hojas, sin habla, sin movimiento y sin razón bajo aquel eucalipto de aroma agradable y ante la curiosa mirada del felino.

Lazarucha ¿Imataj pasarusunky? / Lázaro, ¿qué pasa?

En la cocina de la casa Marce preparaba el almuerzo acompañada de su hermano menor a quien veía muy triste ese día. El pequeño Lázaro había regresado de los matorrales de forma distinta, no tenía ganas de comer las wawas de doña Juana, tenía la mirada baja y no quería ni salir a ver cómo su hermano Leo montaba ese robusto caballo negro que tanto le gustaba.

¿takiytachu munankin? / ¿quieres cantar?
Manam / No - respondía Lázaro

Marce no sabía qué le había pasado a su hermanito pero estaba segura que algo no andaba bien. En eso tocan la puerta, era un vecino de la zona que decía haber encontrado a Don Santiago muerto entre los eucaliptos a un kilómetro de Taycun y que le avisara a Don Gregorio inmediatamente. Marce fue rápidamente al encuentro de su padre y le dio el mensaje de su primo muerto. Este se quedó sorprendido, pero fiel a su estilo de no creer todo lo que le decían mandó a su hija de regreso con una nueva orden:

Apamuchun chairunata / Que lo traigan

Llegada la noche un grupo de ganaderos trajo cargado a Don Santiago y lo dejaron sobre unas mantas en el suelo. Para eso don Gregorio y doña Juana ya estaban en su sala esperándolo con un curandero, el más conocido de un pueblo cercano; Marce, Leo y Lázaro espiaban desde la ventana y la luna iluminaba al silencioso y por hoy más que misterioso pueblo de Taycun.

Allí estaba Don Santiago, con la misma postura con la que vio al puma, sentado con los brazos extendidos, las piernas separadas, la lengua fuera y un ojo abierto. "Tuxpicha" que así se llamaba el curandero, se acerca a lo que parecía la estatua del primo de Don Gregorio y tras olerlo, mirarlo, y echar unos humos de olores extraños sobre él resolvió en decir que estaba vivo, pero que su alma se había escapado de su cuerpo.

"Manam almalloj" / "Sin alma" le decía

Las piernas de Leo y Marce comenzaban a temblar de miedo pero Lázaro parecía aún fuera de lo que sucedía en ese momento. Una vez más Marce se percata del trance de su hermano y le pregunta por qué estaba así desde la mañana, qué le había sucedido y tomando su pequeño rostro le dice que puede confiar en ella. Mientras tanto, "Tuxpicha" comenzó a rezar en nombre de Dios padre, la santísima Virgen del Carmen, por los clavos de Cristo, pidió las intercesiones de San Agustín y Santo Tomás de Aquino, que muera Judas en el infierno y que Jesús mate a todos los pecadores. Colgó un rosario en el cuello tieso, dos en cada brazo y llenó de estampitas de santos la boca semiabierta de Don Santiago, siguió rezando con fervor, que se vaya Zatanás, "¡El deablo!", pero no pasaba nada.

Lázaro miró a su hermana y las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos "¿Imamantataj waqanki?/ ¿por qué lloras?" pregunta Marce abrazándolo. Su hermano Leo, sin embargo, seguía más atento a lo que hacía "Tuxpicha" que cambiando de tendencia ahora pedía a los Apus que le dieran su poder para recuperar el alma de Don Santiago, comenzó a derramar chicha de jora por toda la sala y prácticamente bañó de alcohol al ahora mojado cuerpo inmóvil. Un ritual de hojas de coca y humo blanco para espantar los malos espíritus. Exclamó el nombre de cada cerro que formaban los linderos del pueblo, que tomaran forma de un animal y que llegaran para regresar su alma al mundo de los vivos. Afuera de la casa la luna brillaba más fuerte que nunca y nuestro niño de 7 años ya no pudo callar más:

Wañurusaj / Me voy a morir - dice Lázaro triste

Y una lechuza negra entra a la casa.

domingo, 11 de marzo de 2012

Lázaro...Parte II


Felipe chinkarum, akuchikña /Felipe desapareció, tenemos que irnos - dijo Don Gregorio a doña Juana.

Muy lejos de saber sobre lo que hablaban sus padres Lázaro ya había terminado de comer y Leo le dice en voz baja: "Jakuy"/"Vamos". Ambos salieron silenciosamente de la habitación-casa y se fueron hacia el jardín de atrás. Habían enormes árboles de Molle de donde colgaban las calabazas y los maíces habían crecido más que otras veces. Leo se trepaba a los árboles y retaba a su hermano menor a que llegara más alto, pero Lázaro no quería, le daba miedo, tampoco aceptaba sus retos de cruzar el río o espantar vacas como la mayoría de los niños de Taycun, Lázaro era diferente. Él prefería quedarse viendo a su papá montar a caballo, escuchar a su hermana Marce cantar o ver el amanecer. Prefería ser obediente, que no le llamaran la atención, que no le pegaran como solían hacerlo con el inquieto de Leo. A Lázaro le gustaba Taycun aunque aveces parecía que hubiera nacido en el pueblo equivocado.

¡BAM!¡BAM!¡BAM! - Tres balazos retumbaron en el cielo y gritos de horror quebrantaron el silencio.

¡paykuna!¡paykuna!-¡son ellos!¡son ellos!

Don Gregorio y doña Juana salieron al huerto asustados -¿Maypitaj Marce katchan?/¿Dónde está Marce?- pregunta Don Gregorio a su esposa, le responde que pasteando a las vacas por los matorrales. Cogieron a Lázaro y Leo y salieron rápido por la puerta del huerto que daba al callejón detrás de la casa, sabían que "los otros" querían tomar la Plaza. ¡¿Imataj katchan?!/¡¿qué sucede?! - grita el ofuscado Leo-¡Upallay!/¡Cállate! le responde su padre tratando de que él y su familia pasen desapercibidos entre la multitud aún confusa por los disparos. Mientras corrían Lázaro veía varias paredes pintadas con letras rojas que decían "¡VIVA LA GUERRA POPULAR!". El pequeño aún no sabía leer bien el español pero le gustaba el dibujito del martillo que parecía la flecha de un arco dorado.

Bajaron la pendiente y ya habían dejado atrás la casa de doña Teófila por lo cual sabían que estaban un poco más lejos del peligro.

¡Marce!¡Marce!- y entre los maizales aparece una chiquita delgada chaposa y sonriente de unos 12 años, era la hermana mayor de los pequeños. Los 5 bajaron camuflados entre los árboles por el cerro hasta la orilla del río Puñuy donde se encontraba su chacra. Mientras tanto en el pueblo de Taycun toda la gente se había conglomerado al rededor de la plaza principal. En el medio se encontraban 24 personas con vestimenta casi militar, todos con machetes, 6 con metralleta y todos encapuchados menos uno que distanciado del resto estaba parado vigilando a todos a su alrededor. Al frente de él, un señor de unos 48 años que estaba tirado en el suelo, amarrado de las manos y de los pies. Estaba herido, la mordaza ahogaba sus gritos que salían a través de sus ojos suplicantes ante la mirada atónita de hombres, mujeres y niños.

El único desenmascarado llamó a uno de los suyos- Camarada "Cubillas", traduzca lo siguiente:

"Hermanos del pueblo de Taycun, venimos a traerles un mensaje de nuestro líder. Venimos a defender su lucha, Taycun no volverá a pasar hambre ni volverá a estar en el olvido de sus gobernantes. Con ustedes haremos resplandecer la luz de un nuevo sendero, el dorado de la hoz y el martillo con los que labraremos la revolución de defendemos, aplastaremos a esas víboras traidoras que estén en contra nuestra y nuestra sangre se derramará con la sangre de quienes intenten detenernos. Dejarán de explotarlos, dejarán de humillarlos, dejarán de ser los oprimidos. Nosotros pondremos fin a la injusticia, acabaremos con cada alimaña del gobierno hasta hacerla fango a punta piedras, a punta de balas, a punta de nuestro fuego. Fuego negro que haremos rojo porque el rojo es luz y somos la luz que todos ustedes desde ahora deben seguir. POR NUESTRO LÍDER!, POR LA VICTORIA!, POR LA LUCHA POPULAR!"

Mira al señor tirado en el suelo

"Pero parece que a don Felipe, su actual gobernador del consejo administrativo, no le gusta nuestra idea mucho que digamos"- Saca de su cinturón una Sig Sauer de 9mm y apunta a la cabeza del hombre amarrado y herido en el suelo.

Don Gregorio se agacha y pone las manos en los hombros de su hijo

"Asegúrense que su sucesor se una a nuestra lucha y a la luz que representa"

"Lázaro, manan sapayaiki yojseikichu"/ "Lázaro, no vuelvas a salir solo"

"Este es un mensaje para Taycun y para quien decida ser nuestro enemigo"

"Ari"/"Sí"

¡Bam!




PD1: Gracias Edu por las correcciones de esta linda lengua
PD2: A mitad de las 30 preguntas de Gary
PD3: Ya comienzan mis clases

sábado, 3 de marzo de 2012

Lázaro...parte I


¡Lazarucha!... ¡Lazarucha!

Lázaro mira fijamente el campo de maíz que se extiende sobre la pradera, los cerros que encierran al pueblo se van iluminando de a pocos por la salida del Inti astro rey que con su luz hace más verde los árboles y permite vislumbrar más allá a los nevados...

¡Lazarucha!...¡¿Maypitaj cach kanki?! /¡Lazarucha!...¡¿dónde estás?!

Pero Lázaro está hipnotizado por el paisaje, siente cómo el sol ilumina el cielo que despide a las estrellas con un celeste intenso y va calentando sus pies helados...

¡Lazarucha!...¡¿Maypitaj cach kanki?! / ¡Lazarucha!...¡¿dónde estás?!
¡Kaipi!!! /¡Aquí!!! - responde Lázaro
¡Jamuchic micuj! / ¡Vamos a comer!
¿micuy? / ¿comer?

Lázaro no lo pensó ni un segundo más y comenzó a correr en dirección a Leo quien se unió a la carrera por llegar primero a casa. Unas aves pequeñas de alas azules vuelan sobre ellos y una vaca que pasteaba entre los matorrales levanta la mirada para ver a los dos pequeños que iban más rápido que un rayo. Pasaron la casa de doña Teófila, subieron una pequeña pendiente, cruzaron la iglesia, atravesaron la plaza, entraron al corral y mientras espantaban a las gallinas que se metían entre sus piernas abrieron la puerta y se sentaron a la mesa.

La habitación era pequeña, se podría decir que era una sala-comedor-cocina-dormitorio (chiquito como los departamentos de ahora), aunque en honor a la verdad, no toda la cocina estaba ahí. Al costado de la casa había una habitación angosta donde guardaban leña y calentaban una olla grande de la cual se desprendían aromas exquisitos que hacían salivar las hambrientas boquitas de Lázaro y Leo. En la entrada de la casa había un corral por donde las gallinas, los cuyes y los pollitos merodeaban cada rincón mismo centro comercial de Lima y en la parte posterior un huerto donde se sembraban habas, oca, maíz, papas, trigo y un sin fin de tubérculos y raíces que mantenían estable a la familia, claro, si la temporada era buena.

Lázaro y Leo estaban ya sentados en la mesa, en eso entra su mamá con dos tazas enormes de ponche de habas y con un par de wawas (bizcocho dulce en forma de niño) para cada uno. Los pequeños devoradores hasta se olvidaban de respirar cada vez que comían las wawas. Doña Juana, que así se llamaba la mamá de los pequeños, le preguntaba a Lázaro dónde había estado, pero a este no se le entendía casi nada por toda la comida que tenía en la boca. Ni bien terminaron de comer ¡Pum! se abrió la puerta...era papá.

Don Gregorio ¿ayinyachu? / Don Gregorio ¿cómo estás? - Saludaba doña Juana
piña kachkani / Estoy molesto - responde su esposo - ¿Lázaro?


Lázaro alza la mirada con miedo pues su padre sabía de su desaparición en la mañana, difícil que no se entere pues don Gregorio se duerme a las 8pm y se levanta a las 2am como la mayoría de gente que trabaja en el campo dentro del alto y recóndito pueblo de Taycun.

Jammi ullamuanki abuelay sikita / Tienes la cara como el poto de mi abuela - le dice Doña Juana a don Gregorio, pues quería desviar la atención de su esposo ante una posible sesión de correasos a su hijo - Jamuchic micuj / vamos a comer.

Pero el rostro de Don Gregorio expresaba una mezcla de seriedad y preocupación. Miró a doña Juana y le dijo:

-Felipe chinkarum, akuchikña/ Felipe desapareció, tenemos que irnos.