Caminaba por esa vereda después de mucho tiempo y poco a poco iba recordando aquel apacible vecindario de Surco. Al llegar reconocí la rampa y la cochera. Toqué el timbre: "Buenas ¿Está Miguel?" pregunté. "Sí, adelante". Se abrió la reja y la rampa me llevó directo al departamento. Él me abrió la puerta, tan guapo como siempre, nos abrazamos y me hizo pasar a su sala.
¡A los años!¿cómo estás? - Le pregunto alegre mientras me siento en el sofá
Bien, bien, acabo de terminar mis exámenes así que hoy solo he hueveado
jajaja provecho - le digo - te has dejado la barba, te queda bien
jaja sí me da flojera rasurarme, y ¿tú cómo has estado? - me pregunta mientras su mirada no soltaba los dos bastones que reposaban entre mis piernas.
Bien, en mis clases... ejem, seguro te preguntarás por qué si antes tenía uno ahora tengo dos, pues para el próximo año me verás con ¡tres! jajaja bueno la verdad es que han pasado varias cosas estos últimos años...
¿Usted es el paciente que se va a internar?
Sí señorita
Sígame por favor
La enfermera me guiaba como por los pasillos de un laberinto hasta que por fin salimos al patio central, subimos la rampa principal y entramos al área de hospitalización. Primera puerta a la derecha y encuentro a un joven desnudo sobre su cama con otras dos enfermeras a su costado. "¡Carajo que no me voy a bañar!". "Señor Córdova el doctor pasará visita en una hora, tiene que bañarse". "Llamen a mi vieja si quieren, ¡no me voy a bañar!".
La enfermera que me acompañó me indica que mi cama es la del costado al otro lado de la cortina. Paso apurado y dejando mi bastón sobre mi cama abro el maletín y comienzo a guardar mis cosas en el casillero y en la mesita de noche. Después que las enfermeras se fueron jalé la cortina y me presenté ante el chico ya vestido que no quería bañarse. "Hola, soy Miguel" me dice.
Teníamos casi el mismo horario, gimnasio en las mañanas y terapia personalizada en las tardes; éramos los más jóvenes del lugar, él 21 y yo 17; su mamá, una mujer muy amable, iba todos los días a verlo, su abuelita también. Todos lo conocían, los doctores, los otros pacientes, las enfermeras y especialmente la enfermera Sarita a la que le decía "manos de mantequilla".
¿Por qué le dices así? - le pregunté un día.
Es que cada vez que Sarita me hace
Cate, se me erecta el pene.
Pues sí que era cierto, soy suertudo testigo de ello, pero la verdad es que le pasaba con cualquiera y es que la lesión medular de Miguel era muy alta pero su sistema nervioso parasimpático aún permitía sus erecciones, por lo que alguna vez me imaginé a mí mismo haciendo el amor con un cuadriplégico y claro, mi nuevo amigo en algún momento también fue de mis sueños el protagonista.
¿Cómo pasó? pues como suceden muchos de los sucesos más catastróficos en la vida, de una forma absurda. Un grupo de amigos había ido a la playa a divertirse. Comenzaron a tirarse clavados cerca a la orilla y Miguel decidió hacer "la del Chavo del 8" esa con una mano en el cuello y una vuelta en el aire. "Uno... dos... y ¡tres!". El mar se recogió, Miguel cayó mal y se fracturó la cervical. Cuando despertó no podía mover sus piernas ni sus brazos y casi no podía respirar. Después de salir de cuidados intensivos y pasar por una traqueostomía el doctor le dijo que ya no había marcha atrás. Otros fueron incluso más directos: "Nunca vas a volver a caminar".
En los ratos libres prefería ver animes en la habitación. Los otros pacientes varones venían al cuarto en las noches para charlar y preguntarle sobre las cosas que hacía con su novia los días de salida y él, como buen anfitrión, les indicaba con lujo de detalles cómo su chica le practicaba sexo oral y cómo al final no sabía si lo que tragaba era semen o pichi. Sí, varios disfrutaban de las confidencias y compañía de Miguel y es que a decir verdad a mi también me divertía, era chistoso imaginar la cara de confusión de su ya famosa enamorada.
Un día llegando del gimnasio lo encuentro en el cuarto rodeado de su familia y una señora morena que parecía ser su tía.
- Ta que sobrino por mi mare te han dejado bien cagado después del accidente
- jajaja ya tía no jodas, me estoy rehabilitando
- Sí pero mira ¡qué mierda!, puta yo no aguanto sobrino, yo no aguanto...
- Te presento a mi tía - me dice Miguel haciendo señas para que me acerque- disculpa su vocabulario florido nomás. Sabrás tía que aquí mi amigo no dice ni una sola mala palabra.
- Muy bien hijo - me dice la señora- no seas como mi sobrino que habla cojudez y media y mira cómo ha quedado, ¡hasta las huevas!
Yo aún sonso por conocer a la tía de los Barracones solo asiento dócilmente y saludo a la mamá de Miguel que misma antípoda de la señora me regala cordialmente unos chocolates y me agradece el estar atento a las cosas que su hijo necesitaba durante el día. "No se preocupe señora, no es nada" y dejaba a la familia en plena jarana para ir a bañarme.
- Miguel ¿Por qué ese día no querías bañarte? - le pregunté una noche en la que ninguno de los dos podía dormir.
- No quería, no me daba ganas.
- Sabes que es por tu bien.
- Sí, lo sé. No es que haya querido molestar a mi vieja. Yo la quiero mucho y a mi abuelita también pero aveces estoy cansado y no quería, solo no quería hacerlo, aunque sea un día.
- Como cualquiera - le respondo - tu tía es un mate de risa.
- Jajaja sí mi tía es la cagada, me cae muy bien porque siempre me trata igual, no me tiene lástima. Me habla como antes de mi accidente, como si nada hubiera pasado.
Al día siguiente, mientras las enfermeras bañaban a Miguel este les dijo que se rasuraría el vello púbico y se dejaría las letras SC. "¿Acaso eres del Sporting Cristal?", le preguntó la enfermera. "No, nada que ver, es la SC de SUPER CUADRI, así las chicas sabrán de quién se trata cuando estén en plena acción jajaja". La enfermera me mira riéndose y me dice "Ayy este chico nunca cambia, no aprendas esas cosas jovencito" y yo sonrío pensando en todo lo que aún tenía por aprender de Miguel...
... jajaja el curso es bonito pero el profe es bien fregado. Oye veo que ya levantas mejor los brazos, me abriste la puerta y mira que ahora hasta solito mueves tu silla - le digo mientras alisto mis cosas para irme - Hay que quedar para ver una peli un día que no vayas a la universidad.
Claro, ya nos comunicamos por el Face - me responde mientras levanta la palma de su mano lo suficiente como para acomodar sus lentes.
Soy rochoso pero no dudé ni un segundo en abrazarlo al despedirme. Habíamos hablado como por 4 horas y ya tenía que irme a mi casa a hacer mis informes. Salí del departamento por la rampa y me abrieron la reja. Volví al sosegado vecindario de Surco y me fui por esa vereda, esa que pienso volver a ver uno de estos días.