Mientras me terminaba de cambiar pensando en las cosas que estaba dejando pendiente para cuando regresara escucho a mi apurado hermano Oli: "¡NO TE OLVIDES DE LA CÁMARA!!!". "¡YAAA!!" le respondo y después de una búsqueda veloz tomo la cámara, salgo del departamento y entro al ascensor donde ya todos me estaban esperando. "Ni me he peinado" digo mientras me miro en el espejo del ascensor, pero mi hermano tenía razón, estábamos con la hora. Salimos los 5 del edificio y a mi precavida madre se le sale una pregunta importante "¿y las entradas?". Oli se paraliza y me pregunta "¿tú no tienes las entradas?", y yo con menos paciencia que antes respondo "Si tú fuiste el que las compró, yo ni sé dónde están". Mi hermano nuevamente subió por el ascensor los 12 pisos mientras nosotros avanzábamos para tomar el taxi.
"Buenas, ¿al teatro de Lima que está en la Javier Prado?"
"15 soles"
"¡¿tanto?! mmm... Ya vamos aquí nomás, sino no llegamos"
Mi hermano (el gordito) iba adelante. Atrás estábamos yo, mi mamá, mi otro hermano (ya con las entradas) y mi papá. Eran las 7:20pm y le decía a Oli (el de las entradas) que no se preocupara, que sí íbamos a llegar porque faltaban 40 min y yo suelo llegar en 20 min donde mi terapista que vive cerca de allí, así que relax ok?...
después de 35 min...
¡¿Pero cómo se le ocurre ir por la JAVIER PRADO en HORA PUNTA?!!, yo con ganas de ahorcar al taxista y ya más angustiado que mi hermano no paraba de chequear desde mi celular cada minuto que pasaba y es que si no llegas a la hora pues es simple, te cierran la puerta. Puntualidad señores, puntualidad!. "Bien, es en esa esquina". Bajamos volando del taxi y subimos la rampa hacia la puerta principal del Gran Teatro de Lima. Una construcción moderna, sofisticada y muy iluminada que al costado del tren eléctrico y cerca a la nueva Biblioteca Nacional le da un aspecto optimista a nuestra aveces descolorida ciudad.
Mostramos las entradas en la puerta y un joven sonriente me dice amablemente "Si quiere lo llevamos en silla de ruedas hasta su asiento" y en mi mente pensé "PERRRRRDÓN?" así que respondí con un sonriente "No gracias, así está bien". Tomamos el ascensor hacia el segundo nivel donde otro joven muy amable (aunque menos guapo que el primero) nos llevó a los 5 asientos reservados. La vista era espectacular.
Mostramos las entradas en la puerta y un joven sonriente me dice amablemente "Si quiere lo llevamos en silla de ruedas hasta su asiento" y en mi mente pensé "PERRRRRDÓN?" así que respondí con un sonriente "No gracias, así está bien". Tomamos el ascensor hacia el segundo nivel donde otro joven muy amable (aunque menos guapo que el primero) nos llevó a los 5 asientos reservados. La vista era espectacular.
En eso suena un timbre y una voz delicada nos dice: "primera llamada, se les invita pasar al recinto para el inicio de la función". "Esa llamada es para los tardones" digo bien sinvergüenza a mis hermanos que corroboraban lo mucho que se parecía el lugar al congreso intergaláctico de Star Wars. Luego otra llamada: "Los celulares deben estar apagados durante toda la función y se les recuerda que las cámaras y videograbadoras están prohibidas". "¡Qué?!¡Si me demoré exclusivamente por traer la bendita cámara!". Después de 2 llamadas las luces descienden y hace su entrada la Orquesta Sinfónica de Lima. Todos bien elegantes. Lo que más me gusta de estas agrupaciones es que habían mujeres y hombres de todas las edades, toman sus respectivos asientos, silencio absoluto y por una extraña razón... ¡no pasa nada! ¿Por qué? y mi hermano me dice... "El director de orquesta está bien sentado en el baño y está que usa las partituras para limpiarse el..."
No puede ser, el silencio se hacía cada vez más incómodo, yo temía ya escuchar a alguien gritar "MI PLATAAA" y me lamentaba no poder darle una mordidita al trozo de pastel que guardaba en mi morralito (una cartera que no es cartera), pero en eso aparece. Muy elegante el tardón director de orquesta saluda y todos aplauden (pero que tal con...). Sube al podio, levanta los brazos y comienza la orquesta sinfónica con el 1er tema de Wolfgang Amadeus Mozart titulado:
¡¿JUPITER?! este artista no es internacional, es INTERESPACIALl! pero viendo mejor el programa me di cuenta que esa sinfonía estaba compuesta por canciones como Allegro vivace, Andante cantabile, Menuetto, y otras todavía más aburridas. Igual estoy impresionado, el sonido es sublime y la coordinación impecable, así que emocionado en un susurro casi inaudible volteo donde mi mamá diciendo "Mami que bonito tocan" pero mi mami está bien dormida sin siquiera haber llegado al minuto de presentación. "Mami, te estás durmiendo", pero era una misión imposible, mi mami estaba mal de la garganta y mi hermano le había dado 2 panadol de 500 que la doparon en tiempo record. Mi mami se pasó TODO el espectáculo musical durmiendo como un angelito "al menos sus sueños tendrán banda sonora" pensé.
"Sinfonía n°41 en do mayor, K. 551 (Jupiter)"
La 1ra estuvo chévere, la 2da bien, la 3ra ammm, para la 4ta me di cuenta que ya estaba recogiendo mi cuello de tremenda cabezeada que estaba dando. ¡Me estoy quedando dormido!, volteo y Oli también estaba igual y con el descaro de tirar la cabeza hacia atrás todavía. Solo mi papá y mi otro hermano estaban atentos al recital. En la 2da mitad entró el coro ¡qué diferencia! así sí. Habían tenores, sopranos y se escuchaba muy bien, pero creo que el problema eran las canciones. No eran conocidas. Hubiera sido mejor un espectáculo temático con las bandas sonoras de películas épicas como Titanic, Harry Potter, Star Wars, El Señor de los Anillos o cosas así, con decirles que el penúltimo tema se llamaba "Benedictus".
¡Al fin se acabó! diré, cuando se acabó, todos salieron muy ordenados, mi mamá se despertó misma blanca nieves, mi papá elogiaba a los músicos y mi hermano reclamaba a Oli el haberse quedado dormido en el espectáculo al que él mismo nos había invitado. Yo moría de hambre así que mientras salíamos aproveché en comer el pastelito que no pude probar en las 2 horas de función. Sí, no tengo costumbre de escuchar música clásica, quizás exceso de cansancio, sueño acumulado, yo que sé, pero aunque me dormí en el esfuerzo de 30 músicos y 30 coristas igual fue una noche bonita, me gustó el nuevo teatro, elegante y la iluminación aclaraba las rubias cabelleras de la mayoría de invitados, obvio excepto las nuestras. Tomamos un taxi, mi mami se volvió a dormir y yo pensaba en los tapones de algodón para mis tubos de ensayo que tenía que hacer ni bien llegara a mi casa. Fue una noche de familia, una noche de teatro que si bien quedó mucho en nuestros sueños al menos dormimos juntos.












