¡Estoy decidido! tengo la mirada firme en la avenida mientras el imponente sol azota mi ya achicharrado rostro pues olvidé echarme protector solar. De repente diviso que se acerca esa couster rojiblanquiazul que me llevará a mi destino; De la puerta emerge un chico de unos veinte años que con la camisa afuera, el pantalón remangado y con un peinado afilado ya me va dando idea de sus gustos musicales en el sandungueo. Yo muy resuelto y con la espalda recta afirmo mis piernas, alzo el bastón derecho y el carro va desacelerando al compás de la genuina voz de aquel mozuelo que dice: "¡shube, shube, shube!" hasta que el vehículo se detiene en frente mío.
Le doy un bastón al cobrador (mozuelo de camisa afuera que recauda el dinero del viaje) y con la mano izquierda libre agarro la baranda de la puerta para impulsarme y subir las escaleras metálicas. Un cierto temor recorre mi cuerpo cuando el chofer arranca repentinamente y me derrumbo en pleno pasadizo mientras las mujeres gritan, los hombres insultan y los bebés lloran por mi desgracia. Felizmente es solo mi imaginación y el carro sigue detenido esperando que termine de subir, me siento, pido mi bastón y comienza la marcha. Por la ventana me fijo en el taxi que venía por detrás de la couster cuyo conductor guapetón se me queda mirando como quien dice: "De lo que te perdiste", pero no pensaba doblegar mi convicción, sabía que estaba haciendo lo correcto.
Estoy al costado de la ventana y el inclemente sol de verano sigue amenazando con mutar mi ADN con millones de dímeros de timina. Así que mismo Drácula (obviar el disparate de Crepúsculo) me resguardo del sol tapándome la cara con mi mochila negra muy a pesar del rostro de desconcierto de mi desconocida compañera de viaje; y es que en el taxi uno se acomoda a sus anchas mientras que aquí te encasillan en asientos donde a las justas entran tus piernas y tus muletas.
"A ver pashaje, pashaje, pashaje..." y empiezo a sospechar de un síndrome obsesivo compulsivo por parte del cobrador que tiene que repetir todo tres veces. Le doy cinco soles y me devuelve cuatro con mi respectivo boleto. Que yo sepa suelen cobrar un sol veinte y ni siquiera le mostré mi carnet universitario ¿Por qué la preferencia?¿le habré gustado?¿se habrá enamorado de mí aquel chiquillo y quiere ganar mi corazón cobrándome menos? Capaz detrás del boleto me ha dejado su número y la dirección del hotel donde nos encontraremos y consumaremos el pacto de amor eterno a pesar de nuestras diferentes clases sociales, ¡como en las novelas mexicanas!... Espera, o será que me tiene pena ¿Acaso le da lástima verme con bastones?¿acaso piensa que al cobrarme menos está haciendo su buena labor del día y que Dios le asegurará un cuarto en la residencial del cielo con piscina y gimnasio incluido? ¡Qué se ha creído!, yo no necesito la pena de nadie, así que le devolveré el dinero y... no, espera, no seas idiota, así que mejor me quedo con el vuelto y sigo disfrutando del viaje.
Hace tiempo que no uso transporte público, a este carro no suben vendedores, ni personas con recetas médicas, no hay recién salidos del penal y nadie quien me amenace diciendo que seré el culpable de su reincidencia en la delincuencia tras el poco apoyo brindado por la ciudadanía. La luz roja del semáforo nos estaciona un rato, el viaje es tranquilo, ameno, el sticker de asiento reservado a mi lado asegura mi comodidad en dicho vehículo y nada me impide disfrutar del día, bueno, nada excepto la bocanada de humo que tragué del bus que justó arrancó al lado de mi ventana. Fue tanto que estaba seguro de tener toda la lengua y los dientes negros.
"Baja en la Católica", dice la señorita de mi costado
"¡Baja Católicaaaa!... Pie derecho, pie derecho, pie derecho"
"Ay pero deténgase señor" , reclama la señorita
"ya baja flaquita, baja, baja, baja... yara con el tombo, vao, vao, vao!"
En eso me percato que yo también ya voy a bajar y me pregunto si en lugar de "Pie derecho" me dirá "Bastón derecho, bastón derecho, bastón derecho!...", ¿Cómo hago?¿y si acelera cuando esté bajando?¿y si me caigo?¿y si le doy el bastón, bajo y luego arranca dejándome con solo uno y ya no puedo caminar por mi cuenta?¿tan basura puede ser? pensé que en verdad me amaba... ¡No carajo! no seas exagerado, seguridad y no lo pienses tanto.
"Baja paradero", le digo
"¡Crushando baja!"
"Coge este bastón porfa"
"baja, baja, baja... toma flaco"
"Gracias"
Y allí estaba yo, sano y salvo, me ahorré seis soles con un posible coqueteo en el taxi, pero ya llegué, demostrándome que puedo volver a usar el transporte público como antes de forma independiente y segura, estoy al frente de mi universidad y... en la puerta equivocada.
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Este es el post 200 de Munani y está dedicado a todos ustedes queridos(as) lectores(as), gracias, por su tiempo, sus comentarios, sus visitas, su complicidad y su amistad conmigo. Estoy muy agradecido y espero que también sigan enfrentando sus retos, ¡qué sería de la vida sin ellos!, ya que es bueno cuando llegas a vencerlos pero es genial cuando te das cuenta de que puedes hacerlo, al menos así lo siente mi pie derecho














