temp3

temp3

viernes, 11 de abril de 2014

Lázaro y la muerte blanca Parte I


Lázaro tenía los ojos muy abiertos, casi sin pestañear y con la mirada fija hacia el cielo. Su concentración omitía la bulla que hacían los otros niños que presurosos salían de sus casas para también pararse en medio de la plaza, alzar la cabeza y avizorar lo peculiar que ese día había en el firmamento. Unos aros de colores se asomaban entre las nubes, eran como cinco círculos con los colores del arcoiris que se habían instalado sobre el cielo de Taycun y llamaban la atención de todos los pobladores, especialmente de los más pequeños que nunca habían visto algo similar.

Leo, ¿Imataj wac? / Leo, ¿qué es eso? - pregunta Lázaro
Manam yachainichu, ¡ima sumajcha! / No sé, ¡Qué bonito! - le responde su hermano mayor

A pesar del extraño fenómeno la vida en el pueblo transcurría como todos los días, los campos de trigo ya habían crecido lo suficiente para empezar la cosecha, las mazorcas eran enormes, las habas estaban listas para ser recolectadas y el ganado recorría el caminito de piedra, bajando por esa ladera llena de eucaliptos, para beber de las aguas del río Puñuy que ahora también brillaba con la luz de aquellos misteriosos aros de colores.

Puka... qello... kulli... / Rojo... amarillo... morado...

Lázaro identificaba los colores de aquellos aros, le gustaban, pero a diferencia de los otros niños algo dentro de él le generaba cierto recelo que no le permitía participar de sus juegos. Siempre Lázaro fue así, retraído frente a sus pares, disfrutando más de su soledad, recolectando flores, persiguiendo insectos y calentando sus pies cada mañana cuando de entre los cerros de Taycun se asomaba el dios sol.

En casa doña Jauna y don Gregorio ya iban haciendo espacio para lo que sería la cosecha de los días siguientes, todos tenían que comer bien e ir a dormir temprano puesto que en el campo todos trabajan, Leo con la hoz junto a su padre, Marce recolectando y cargando las semillas con su madre y hasta el pequeño Lázaro que podía cargar mazorcas que eran tan grandes como su cabeza. Los cinco se fueron a dormir cuando se ocultó el sol, pero esa madrugada el gallo no cantó y todos en el pueblo se quedaron profundamente dormidos hasta casi el mediodía.

Alalau chiri... / Hace frío... -  se queja Lázaro que es el primero en despertarse

Sale de la casa rumbo hacia el baño que consistía en un silo a varios metros de la plaza al costado de un árbol enorme al que le llamaban "Chachas", pero se detiene en medio camino al darse cuenta que ya no estaba en Taycun, este era otro lugar. Pequeños pedacitos de hielo caen desde el cielo como plumas que lentamente se posan sobre su piel. A su alrededor un manto blanco envolvía la plaza y el tejado de todas las casas. Cerros como el Khuyay Urqu también se habían vestido de blanco y una brisa helada comenzó a hacer temblar sus pies descalzos que nunca habían experimentado algo parecido. Poco a poco los demás habitantes del pueblo comenzaron también a salir de sus casas y nuevamente los niños fueron los más presurosos en festejar y saltar tratando de coger estos pedacitos de escarcha que parecían trocitos de nube que caían del cielo sin parar.

Jaway Lazarucha, tumaycuyman / Mira Lázaro, se puede beber

Su hermano Leo sacaba la lengua dejando caer la nieve sobre ella, estaba feliz y Lázaro también quería estarlo, también quería saltar y jugar junto con sus hermanos. Sin embargo los adultos estaban extrañados con el suceso, al parecer algo así nunca había pasado en el pueblo de Taycun, pero eran los ancianos los únicos que veían con pesar y espanto a estos inocentes copitos de algodón que seguían revistiendo los suelos y calles del lugar. Sus ojos lo decían todo aunque solo la más anciana del pueblo se atrevió a decirlo...

Yurac huañuy / Muerte blanca

11 comentarios:

  1. ¡Oh me has sorprendido! Quiero saber mas, andale, apurate a escribir de Lazarucha, espero no se muera.

    :D

    ResponderEliminar
  2. Muy interesante Munani espero nos cuentes alguito más, el quechua siempre me ha llamado la atención, espero algún día estudiarlo, un abrazo fuerte!

    ResponderEliminar
  3. Un poco duro, pero es la realidad, buen relato!

    ResponderEliminar
  4. Buenísimo!
    Que venga ya la segunda parte!!!

    ResponderEliminar
  5. Ay, pero si la nieve es preciosa, al menos para los que no la hemos sufrido. Mira, me has recordado un poco a cuándo yo era pequeño y hubo una nevada brutal en el pueblo que es costero, algo que ni los más viejos de allí recordaban, efectivamente, bebimos la nieve además de hacer muñecos, jeje.

    Bicos ricos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Yo nunca he tenido una primera nevada :(

      Eliminar
  6. Es lo bueno de atrasarse, que me voy al siguiente post y me entero del final sin esperas :D

    Becho <3

    ResponderEliminar